Zoológicos en Argentina: una historia sin fin


Gracias a los pensamientos evolucionados que recorren las sociedad modernas, lugares como los zoológicos comenzaron a ser duramente criticados, en principio por grupos de proteccionistas y más tarde, parte de la opinión pública. Es importante destacar que no son cambios que se producen en un corto periodo de tiempo. Son años de protestas, denuncias y arduas negociaciones con entes públicos y privados que regulan la situación de los animales. 


Turistas sacándose fotos con los felinos


El Zoológico de Luján siempre fue uno de los establecimientos más controversiales de la Argentina. Desde su inauguración en noviembre de 1994, fue duramente cuestionado por las prácticas inusuales que se llevaban a cabo en el zoo. Hasta hace unos pocos años, una de las mayores atracciones para los turistas era la posibilidad de entrar en las jaulas de los grandes felinos, acariciarlos y tomarse una foto con ellos. Decenas de denuncias fueron presentadas a la justicia por parte de activistas, quienes alegaban que esto constituía una clara infracción del artículo 8 de la ley 12.238. En ella se establece que está estrictamente prohibido tener contacto y/o alimentar animales salvajes que revistan peligrosidad. Tomás Melo, ex trabajador del establecimiento, por otra parte, sostiene que no suponía infringir la ley, ya que los animales del zoo son considerados domésticos por su método de crianza – la impronta temprana.


Finalmente, y tras años de protestas, el Zoológico de Luján fue clausurado provisoriamente. Andrea Validó, actual empleada de la Fundación del Zoo de Luján, señala con evidente frustración el mal manejo de la clausura por parte de la Dirección de Flora y Fauna de la Provincia de Buenos Aires. Todos los animales del zoo siguen estando dentro del establecimiento y solamente es posible alimentarlos gracias a las donaciones de campos vecinos, ya que no cuentan con los ingresos de las entradas del público. Nadie, explica Validó, se hace cargo de los animales que dicen proteger. Además, insiste con lo que considera una de las consecuencias más graves de la clausura, que es la pérdida del programa T.A.C.A. (terapia asistida con animales) que el zoo brindaba gratuitamente a más de 160 chicos con capacidades diferentes. 


En la vereda de enfrente se encuentra Sin Zoo, una agrupación de activistas que tienen como objetivo cerrar todos los zoológicos del país y así terminar con la exhibición de los animales. Este grupo se formó en el año 2013 cuando no había una concientización de la problemática. Uno de sus objetivos principales era cerrar el Zoológico de Buenos Aires y convertirlo en un jardín ecológico. Por eso, presentaron un proyecto de ley a la legislatura porteña para que esto se logre. Sus primeros pasos estuvieron vinculados a manifestarse en la vía pública, repartir volantes, es decir, hacer activismo desde la puerta. Y así paulatinamente, pudieron conseguir algunas victorias. 


En 2016, el Zoológico de Buenos Aires cerró y pasó a llamarse ¨Ecoparque¨. Algunos animales fueron trasladados a refugios de otra parte del mundo, otros murieron y una parte quedó en el Zoo. Esto último, no formaba parte del proyecto que tenían los activistas. Sin Zoo, en su proyecto dejaba claro la idea de terminar con la exhibición de los animales. Desapareció el modelo victoriano del zoológico pero siguen habitando especies exóticas en el nuevo llamado ¨Ecoparque¨. 


 Los pocos zoológicos que quedan abiertos en la Argentina se encuentran en pésimas condiciones. Ha quedado demostrado que cerrarlos no es una solución que en lo inmediato parezca funcionar.  Los animales quedan a la deriva con ineficientes y muy costosos cuidados. Si bien, es un avance la no reproducción y cierre de estos lugares, quedan grandes cambios por realizar y muchas prácticas que erradicar.



Laura Granero y Valentina Galeano

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